No todas las resinas huelen de la misma manera. El benjuí tiene una dulzura muy particular: recuerda a la vainilla, pero conserva un fondo balsámico que lo hace mucho más complejo que una fragancia golosa.
En estos ladrillos, la resina de benjuí se combina con polvo de madera de pino. Se presentan con un pequeño quemador de terracota, pensado para sostener cada pieza mientras se consume lentamente.
Una resina que también conoce la perfumería
El benjuí se obtiene de árboles del género Styrax y se ha utilizado en inciensos y preparados aromáticos desde hace siglos. Los perfumistas lo aprecian por su olor cálido, suave y ligeramente dulce, que puede recordar a notas de vainilla o ámbar.
Aquí esa inspiración se une al olor de la madera caliente. El resultado puede gustarte mucho si disfrutas de las fragancias acogedoras, pero no buscas el dulzor de un caramelo ni de un postre.
Una buena puerta de entrada a las resinas
Quizá siempre has comprado incienso de vainilla o sándalo y te apetece explorar algo nuevo. El benjuí puede ayudarte a dar ese salto porque mantiene una faceta cálida y familiar, al tiempo que introduce la riqueza de las resinas.
Pruébalo en el salón después de ventilar, durante un rato de lectura o cuando te apetezca variar de aroma. Una pieza es suficiente para empezar; así podrás apreciar sus matices sin exceso de humo.
Cómo utilizarlo
Apoya el quemador incluido en una superficie resistente al calor, coloca un ladrillo y enciende su extremo. Cuando la pieza prenda, apaga la llama para que siga ardiendo lentamente. Supervisa la combustión, mantén el aire renovado y no toques la terracota hasta que esté completamente fría.
Características
- Formato: ladrillos de incienso natural.
- Ingredientes: polvo de madera de pino y resina natural de benjuí.
- Contenido: 15 ladrillos y un quemador de terracota.
- Duración de combustión: 15–20 minutos por ladrillo, aproximadamente.
- Origen del producto: India.
Precauciones
Utiliza el quemador siempre sobre una superficie estable y resistente al calor: la terracota puede calentarse mucho. No dejes el incienso encendido sin vigilancia ni cerca de materiales inflamables, niños o mascotas. Ventila la estancia, evita respirar directamente el humo y asegúrate de que no queden brasas antes de desechar los restos.

















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